Se reflejaba en el cristal aquella mirada inocente, imposible de olvidar desde entonces.
¿Qué pasa? pregunto su hermano, al verla allí tan quieta, pegada a la ventana que daba a la gran avenida.
Irene con mucha suavidad, se giró y sin decir ni una palabra invitaba a su hermano a sentarse al lado suya.
Pedro la conocía muy bien, sabía que algo le preocupaba y sin dudarlo un momento, fue a su lado. Él le sonrió obtiendo la respuesta esperada con la cara risueña de la pequeña. Pedro preguntó en qué pensaba…
Irene, empezó hablar sobre su mejor amiga, Claudia, le dijo que “le gustaba mucho estar en casa de su amiga, porque siempre que iba, su papá y su mamá, preparaban una “rica merienda” y después jugaban con ellas”. Le contó que “la madre de Claudia sabía hacer malabares y que le gustaba mucho el teatro, el otro día interpretaron de manera improvisada un teatro en su propio salón, nos disfrazamos de principes y princesas y lo pasamos fenómenal”. Irene iba aumentando su emoción contado la historia y confesó a su hermano, que le encantó hacer de principe, porque esta vez la historia fue diferente, siendo la Princesa Claudia la que le salvó del Brujo Pirujo (papel interpretado estupendamente por el padre de Claudia).
Pedro se quedaba embobado (como siempre) con su hermana, no entendía como con apenas 5 años tuviera esa gran capacidad expresiva. Pudo apreciar que la pequeña, agarraba en su mano, con mucha presión, el tallo de un diente de león y le preguntó que hacía con eso.
Irene le dijo que era un diente de león que le había regalado el padre de Claudia y acto seguido, Irene abrió la ventana y sopló. El diente de león se desmenuzaba lentamente y empezó a volar por la ciudad.
Pedro no entendía nada… “¿porqué has hecho eso?” dijo su hermano.
Irene con mucha calma, explicó que la madre de Claudia, le había contado que los dientes de leones, traen buena suerte y que si pides un deseo y luego soplas, se te cumple el deseo.
Pedro siempre fue bastante agnóstico ante todos estos temas, sonrió y no pudo contenerse, preguntó cual había sido su deseo. Irene volvió a mirar hacía la ventana y suspiró…
… sólo quiero que mis padres se quieran igual que los padres de Claudia…
