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Archivo mensual: agosto 2011

Gracias amigo y buena suerte

 “¿Qué tal hombre? ¿Cómo tamos?” – dijo aquel nigeriano como si hubiese nacido en el barrio de Santiago, aquí en Jerez.

Era su forma de dar la bienvenida a todos aquellos que se cruzaban en el trabajo de mi querido amigo.

Él, como otros tantos, tiene en el semaforo al único compañero de trabajo y busca cada vez que éste se pone en verde, alguna sombra inexistente.

Goodluck, nombre del muchacho, dedicaba la mejor de las sonrisas para cada uno de sus inesperados clientes. Aún sabiendo que tenían que pasar al menos 49 de ellos que parece que tienen prohibido sonreir y otros 49, que directamente la vida le impidió tener corazón, para poder conseguir quién sabe si al menos, 1 euro.

En su trabajo, tiene que aguantar esa mirada perdida de su cliente que no sabe disimular, aguantar esas bocas que no paran de abrirse y cerrarse y aunque Goodluck, no sepa leer los labios, sabe que “bonito” no le están diciendo, también tiene que aguantar a “niñatos y pijos” que le vacilan aunque Goodluck le tenga dedicada su mejor mirada y por supuesto, tiene que aguantar 12 horas de calor, soledad e incertidumbre…

Goodluck, a pesar de todo, es féliz. Sabe que aunque sean menos, los que lo quieren están ahí para ayudarles, trayéndoles bocadillos, zumos, frutas, sonrisas, un choque de mano y también algo de dinero suelto. Tampoco olvida a sus otros compañeros africanos que traen consigo la generosidad y cooperación que este continente siempre cultiva.

Pero si algo le da fuerzas para seguir adelante y sonreir a la vida, es que después de 4 años en España, Goodluck vuelve. Por fin lo ha conseguido y dentro de poco, cogerá un avión que le dejará en su casa, para volver con su mujer y sus cuatro hijos.

Nunca se me olvidará como se le llena la mirada al bueno de Goodluck, cuando imagina su llegada a Nigeria, volver con su familia y conocer al fin, a su último hijo de tan sólo 3 años y medio, Souleymane…

 … tu padre está loco por contarte un cuento…

 

 
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Publicado por en agosto 23, 2011 in La Mía Vida

 

Diente de león

Se reflejaba en el cristal aquella mirada inocente, imposible de olvidar desde entonces.

¿Qué pasa? pregunto su hermano, al verla allí tan quieta, pegada a la ventana que daba a la gran avenida.

Irene con mucha suavidad, se giró y sin decir ni una palabra invitaba a su hermano a sentarse al lado suya.

Pedro la conocía muy bien, sabía que algo le preocupaba y sin dudarlo un momento, fue a su lado. Él le sonrió obtiendo la respuesta esperada con la cara risueña de la pequeña. Pedro preguntó en qué pensaba…

Irene, empezó hablar sobre su mejor amiga, Claudia, le dijo que “le gustaba mucho estar en casa de su amiga, porque siempre que iba, su papá y su mamá, preparaban una “rica merienda” y después jugaban con ellas”. Le contó que “la madre de Claudia sabía hacer malabares y que le gustaba mucho el teatro, el otro día interpretaron de manera improvisada un teatro en su propio salón, nos disfrazamos de principes y princesas y lo pasamos fenómenal”. Irene iba aumentando su emoción contado la historia y confesó a su hermano, que le encantó hacer de principe, porque esta vez la historia fue diferente, siendo la Princesa Claudia la que le salvó del Brujo Pirujo (papel interpretado estupendamente por el padre de Claudia).

Pedro se quedaba embobado (como siempre) con su hermana, no entendía como con apenas 5 años tuviera esa gran capacidad expresiva. Pudo apreciar que la pequeña, agarraba en su mano, con mucha presión, el tallo de un diente de león y le preguntó que hacía con eso. Irene le dijo que era un diente de león que le había regalado el padre de Claudia y acto seguido, Irene abrió la ventana y sopló. El diente de león se desmenuzaba lentamente y empezó a volar por la ciudad.

Pedro no entendía nada… “¿porqué has hecho eso?” dijo su hermano.

Irene con mucha calma, explicó que la madre de Claudia, le había contado que los dientes de leones, traen buena suerte y que si pides un deseo y luego soplas, se te cumple el deseo.

Pedro siempre fue bastante agnóstico ante todos estos temas, sonrió y no pudo contenerse, preguntó cual había sido su deseo. Irene volvió a mirar hacía la ventana y suspiró…

… sólo quiero que mis padres se quieran igual que los padres de Claudia…

 
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Publicado por en agosto 7, 2011 in Estaba pensando que...

 
 
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